ISSN 0001-6012/2014/56/3/92-95 Acta Médica Costarricense, © 2014 Colegio de Médicos y Cirujanos de Costa Rica

Historia del Hospital Nacional de Niños “Dr. Carlos Sáenz Herrera”

(History of the National Children’s Hospital “Dr. Carlos Sáenz Herrera”)

Dr. Carlos Arrea-Baixench

Acta méd costarric Vol 56 (3), julio-setiembre 2014

Elaboración de los planos

La existencia del servicio cooperativo interamericano de Salud Pública, a través de una oficina adjunta al Ministerio de Salud, llamada Punto Cuarto, logró los servicios del arquitecto Peter Fisterer, quien se había especializado en el diseño de hospitales, y fue él quien realizó los planos preliminares, basándose en datos suministrados por el Dr. Sáenz, con el asesoramiento de autoridades en la materia, del Ministerio de Salud. En esta ocasión también se valoró el costo estimado de la obra, y todo el proyecto fue revisado en diciembre de 1954 por los técnicos de la División de Facilidades Hospitalarias del Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos.

Después de completado el estudio anterior, los planos debían ser aprobados por la el Departamento de Arquitectura de la Dirección General de Asistencia Médico Social del Ministerio, lo que se logra con algunas observaciones muy atinentes hechas por el arquitecto Rodrigo Masís.

Por considerarse que la obra era muy compleja, se obtiene también con la ayuda del Punto Cuarto, la confección de los planos definitivos y sus especificaciones con la firma White, Noakes y Neubauer, de la ciudad de Washington DC. El costo fue financiado por la Junta de Protección Social de San José y por el Servicio Cooperativo de los Estados Unidos. En el convenio se estipulaba que los ingenieros Guillermo Carranza, Ricardo Herrera, Carlos Saborío y Jorge Gordiencko, así como el arquitecto Alfredo Arguedas, trabajarían con la firma norteamericana en el proyecto, con lo que se consiguió que adquirieran una experiencia que con el andar de los años han puesto al servicio del país.

El 2 de mayo de 1957, el Dr. Sáenz Herrera hizo entrega a la Junta de Protección Social de San José, de los planos definitivos y las especificaciones correspondientes.

¿Cómo se consiguió el dinero para su construcción y equipamiento?

Desde el discurso del Dr. Sáenz difundido por la radio, se formaron comités para la difícil labor de reunir el dinero en procura de financiar su construcción.

Se inicia con lo que se llamó “la marcha de los dieces”, una colecta que tenía como lema recoger lo que cada persona pudiera aportar, desde diez céntimos en adelante. Se colocó un termómetro en la esquina sur oeste de la iglesia Catedral, y conforme se hacían las donaciones, subía la columna de este. El tesorero del proyecto fue el Banco Nacional de Costa Rica, y al final de se entregó a la Junta de Protección Social de San José, 1 037 970,10 colones, y un pagaré por 50 000 colones más. No fue demasiado dinero, pero representó la solidaridad que el pueblo tenía con el proyecto que, por otro lado, era algo que tenía fundamento, ya que en ese tiempo la pirámide de población mostraba una amplia base formada por los niños.

Después vino la “Feria de las Flores”, evento que se realiza todos los años en distintos lugares del país y que quisiera describir con palabras, tanto del Dr. Sáenz, como a partir del concepto de algunos periodistas, estas últimas llenas de ironía y buen humor.

Dr. Carlos Sáenz Herrera

La Feria de las Flores ha sido uno de los medios más efectivos, para lograr que la idea de construir, equipar y operar este Hospital, penetrara hondamente enla conciencia nacional. Este efecto ha venido a ser tal vez más importante aún que el resultado material de la misma, sin que quiera negar que los cientos de miles de colones que la Asociación ha entregado al hospital, han sido factor importante, a veces decisivo por su oportunidad, para resolver muchos de los problemas que en el largo recorrido de diez años se nos ha presentado.”

El segundo aspecto, de gran interés para los costarricenses es el cultural, que esta fiesta ha sido buena oportunidad para darnos a conocer mucho de la vida de pueblos amigos. Es así como los miles de asistentes a la Feria, han conocido algo del folclore de otros países admirando sus bellos trajes típicos, oyendo cantar en sus lenguas y pudo conocer personalmente a más de un señor embajador que, arremangada su camisa, asaba carne o lavaba un vaso.”

Una carta de Camilo Galagarza Cabalceta (creación de

C. Castro)

“Empecemos por el principio: mujeres... ¡ni para que le cuento! Aquello fue la de ver y desear. No le alcanzaban a uno los ojos mi viejo, y entre más los pelaba y volcaba, más turnios se le ponían. Creo que todos hemos quedado un poco enfermos de la vista y propensísisimos a caerle al óptico Rivera. Pues encima de eso viera usted y vaya apuntando! Toros, bailes, fútbol, del que los cañeros se fueron con el campeonato, títeres, mejores todavía que los de la Asamblea. El trío “Los Ticos”, marimbas a granel, remate de ganado, caballos de todo pelo y de toda sangre; montadores de toros y de bestias como los que por acá se dan: topes, pólvora, música, muchachas a la polca y concurso de nuestros bailes típicos, desde el punto a los lanceros, que aquello parecía un concurso.”

La meneada de tabas que se hubiera usted recetado con estos tres días de fiestas. Y claro, mano roncito andaba por todo aquello, de la mano del whiskyto, calentándole la sangre

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a lo aciguatados y restableciéndole el espíritu a los neuras, de manera que la alegría fuera pareja con las horas inolvidables.”

Sin embargo, con todos los esfuerzos que se había hecho, el dinero no alcanzaba para construir el hospital, por lo que fue necesario hacer un empréstito con el Gobierno de los Estados Unidos, por la suma de $2 000 000, el cual se firma el 24 de abril de 1957. No sería justo si en este momento no manifestáramos agradecimiento a dos personajes que fueron piezas claves para lograrlo: el Ing. Charles S. Pineo, director del Servicio Cooperativo de Salud Pública, y el Sr. Robert F. Woodward, embajador de los Estados Unidos de América.

Se había conseguido el dinero para construirlo, pero faltaba el equipo necesario para ponerlo a trabajar, y fue el presidente John F. Kennedy, durante su visita a Costa Rica, quien a pesar de que su agenda no le permitió visitar el centro, dio el dinero para que se comprara el equipo.

Construcción y supervisión de la obra

Después de realizar el concurso entre las compañías constructoras del país, se adjudica la obra a la oferta presentada por EDICA Ltda., integrada por Arguedas Dobles y Soto, y se formaliza el contrato el 31 de octubre de 1959, encargándose la supervisión a la compañía Noakes, Naubauer y Herrera.

El 4 de diciembre de 1962, una vez terminada la obra, se encienden las luces del nuevo hospital, que fue descrito por el Dr. Carlos Sáenz Herrera, con las siguientes palabras: “Muchos josefinos fuimos gratamente sorprendidos por el brillante espectáculo que en esta noche ofrecía el Hospital Nacional de Niños profusamente iluminado, comparable, por su similitud, a un gran trasatlántico anclado que conmemora alguna gloriosa efeméride”. El destino, que es caprichoso, juntó este momento con la muerte de su arquitecto, Peter Fisterer, quien ese mismo día dejó de existir.

Organización del Hospital

Las personas que iniciamos labores en él, veníamos en la mayoría del Hospital San Juan de Dios, donde habíamos trabajado con grandes limitaciones de espacio, de equipo y de ambiente orientado a los niños. La nueva institución proporcionó un entorno muy diferente: un edificio nuevo donde todo se había estudiado cuidadosamente para hacer un cambio radical en la

Acta méd costarric Vol 56 (3), julio-setiembre 2014

forma como se organizaban y administraban los hospitales. Se había contratado a la compañía Gordon Friesen, de consultores hospitalarios, que trabajó varios años antes de que funcionara el hospital, en su planificación administrativa, dándonos excelentes recomendaciones y colaborando en la capacitación del personal enviado a los Estado Unidos a especializarse, tanto en las área administrativa, como en las de prestación médica.

Algunos asumieron el liderazgo desde antes de que existiera, siendo el Dr. Carlos Sáenz Herrera el más importante de ellos, y convencido como siempre lo estuvo, de la necesidad de formar equipo, supo rodearse las personas adecuadas, quienes llevaron sus ideas y normas a todo el personal.

Larga sería la lista de todos quienes pusieron su empeño y dejaron entre las paredes de nuestro querido Hospital, gran parte de lo mejor de sus vidas, por lo que solo mencionaré a algunos, esperando que me disculpen los otros: el Dr. Rodrigo Loría Cortés, el Dr. Roberto Ortiz Brenes, las administradoras Marielos Porras e Iris Milano, y las enfermeras Florence Williams y Norma Wraith. Pero insisto, todo el personal estaba impregnado del deseo de cumplir con excelencia las funciones a su cargo. Sin la menor duda fueron estas condiciones los que permitieron que en pocos años la institución fuera reconocida como una de las mejores de Latinoamérica.

Preocupan y mucho, las noticias que los medios de comunicación con frecuencia han publicado sobre algunos resultados en el tratamiento de ciertas patologías, y más cuando se suman actuaciones de su personal, a todas luces reñidas con la mística, la ética y la transparencia con que se inició este centro.

La historia que a grandes rasgos he relatado, muestra una Costa Rica más pequeña, pero con más solidaridad y deseo de que los problemas se resolvieran. Diez años solamente separaron el momento cuando se lanza la idea de hacer un hospital para niños, del día cuando este se inaugura. Con dieces se empieza a conseguir el dinero, sin que eso fuera obstáculo para atender y poner en práctica las recomendaciones de organismos internacionales asesores, un ejemplo de lo que se debe hacer ahora al cumplir 50 años de la inauguración, y cuando en los medios se han revuelto las aguas de su prestigio. No cabe la menor duda de que el Hospital conserva mucha gente que mantiene los ideales y la mística con que se inauguró, y que lejos de tomar esta mala racha con actitud pasiva, luchará para crear un compromiso de grupo que permita a todo el equipo del Hospital, recobrar el prestigio que su historia ha demostrado. La Medicina moderna no puede lograr éxitos individuales, ¡es una labor de un equipo multidisciplinario!